Una persona me solía decir que la vida se ríe de nosotros. Se ríe cuando te pone en situaciones complicadas, difíciles, dolorosas, incomprensibles a nuestro parecer. Y entonces es cuando reaccionamos de maneras muy diferentes:
- Puede que lo sucedido te supere y que caigas en un pozo infinito.
- Puede que generes rencor hacia la persona que te ha generado esa situación, o miedo si el origen no es personal.
- Puede que hagas el avestruz tratando de pensar que cuando vuelvas a abrir los ojos, nada de lo malo va a seguir allí.
- Puede que afrontes esos problemas con la creencia que manejas tu destino y que con ilusión y esfuerzo vas a volver a torcer tu brújula hacia el norte.
He de deciros que yo he vivido todas estas situaciones y que llegué a tocar fondo, pasando de una opción a otra peor, a otra peor y a otra peor. De hecho, incluso llegué a odiar a quien me daba consejos. "Está en tu mano". Ahora sé que era buen consejo, pero no era capaz de verlo.
Mejor dar una caña, que un pescado. Obvio. Pero que pasa si no sé usarla?
Está claro que no puedes decirle a una persona que acaba de perder una pierna, que "todo está en su mano" para volver a andar. Probablemente, no lo verá y sólo tendrá delante su muñón. Su odio a lo sucedido, su rencor a todas las circunstancias que le han llevado a ese punto. Sé que es un ejemplo muy duro, pero así me sentía yo: amputado de muchas cosas y sin foco en mis planteamientos.
Cómo se sale del pozo? Con ayuda. Alguien te tiene que enseñar a apreciar la vida, a ponderar las cosas en su justa medida, a afrontar los problemas uno a uno, a saber que a los problemas no hay que sonreirlos sino vivirlos. Ni siquiera enfrentarse a ellos. Saber que la vida tiene todos los colores y que por todos ellos hay que pasar.
No me gusta la frase que dice que de los problemas se aprende. Me gusta más decir que viviendo la vida, con sus cosas buenas y no tan buenas, hemos llegado hasta aquí, y que ... el presente es bueno.